< volver ] ENTREVISTA CON JOSE CARLOS BERMEJO , DIRECTOR DEL CENTRO PARA LA HUMANIZACIÓN DE LA SALUD
Tomamos esta entrevista realizada a JCB, realizada por el teléfono de la esperanza de Badajoz el 28/6/2010

Tenemos la suerte de poder entrevistar a José Carlos Bermejo,en exclusiva para nuestro Blog,con motivo de su reciente visita a Badajoz para impartir un Curso organizado por el Teléfono de la Esperanza con el tiítulo de "Inteligencia Emocional y Relación de Ayuda".El mismo se celebró con gran asistencia en el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Badajoz a lo largo de un fin de semana,de cuya reseña ya nos hicimos eco en el Blog. José Carlos Bermejo es una de las principales autoridades en el campo de la Relación de Ayuda en nuestro pais,religioso camilo,dirige el Centro de Humanización de la Salud en Tres Cantos(Madrid),donde se ofrecen cuidados paliativos de calidad a enfermos terminales,siendo un centro de vanguardia en su estilo a nivel nacional.Dentro del mismo funciona un Centro de Escucha donde se ofrece este bien tan preciado a enfermos y familiares.Profesor en varias universidades dentro y fuera de España y autor de más de 30 libros sobre Relación de ayuda,Cuidados Paliativos,Duelo,etc, José Carlos,además es un gran comunicador que nos atiende con suma cordialidad y afecto.

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¿En qué consiste la INTELIGENCIA EMOCIONAL?

    Desde 1995 se habla de esta manera. Es un modo de reclamar la importancia de los sentimientos en la vida de las personas y de los grupos. Fue Daniel Goleman quien consiguió que se pusiera sobre la mesa el tema, después de que se hubieran publicado algunos artículos.

    Al fin y al cabo, la inteligencia emocional es un tipo de sabiduría complementario a la inteligencia intelectiva, que está hecha de una serie de competencias personales y competencias sociales. Así lo presenta Goleman. Hablamos, pues, de autoconocimiento, de autocontrol emocional y capacidad de motivarse a sí mismo, como competencias intrapersonales, y de empatía y habilidades sociales como competencias interpersonales.

    Viene a ser un concepto que comprende otros, pero bien interesante, porque aglutina elementos muy necesarios para las relaciones entre las personas, con uno mismo y para el buen funcionamiento de los grupos.
    Estamos hablando ahora también de inteligencia moral, inteligencia espiritual. Y así se van reclamando cuestiones de interés.

¿Qué habilidades deberíamos desarrollar más para ser emocionalmente inteligentes?

    Las que hemos citado. Pero si somos artistas, caeremos en la cuenta de que se trata de mejorar nuestra conciencia de nosotros mismos y nuestras relaciones interpersonales. Mucho de nuestra felicidad depende de cómo manejamos nuestros sentimientos. Al fin y al cabo. Por eso, desarrollar las competencias intrapersonales e interpersonales de la inteligencia emocional nos permite manejar con más soltura los sentimientos.

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En Badajoz impartiste un Curso con el título de INTELIGENCIA EMOCIONAL Y RELACIÓN DE AYUDA, ¿tan unida está una cosa con la otra?

Sí, cuando hablamos de relación de ayuda nos queremos referir a las potencialidades de las habilidades sociales que las personas tenemos para ayudarnos mediante la relación. Nos podemos acompañar en el sufrimiento con técnicas, destrezas, actitudes, que, además de conocer, podemos adiestrarnos en su uso. Pero es que además, esto tiene mucho que ver con el modo como trabajamos nuestros sentimientos porque el encuentro con la vulnerabilidad ajena, despierta la nuestra y por eso se reclaman también en las relaciones de ayuda, las competencias personales de la inteligencia emocional.

A este Curso asistieron muchos voluntarios del TELÉFONO DE LA ESPERANZA y de otras ONGs,¿qué les dirías para que fueran más eficaces en su trabajo diario en contacto con el sufrimiento humano?

En primer lugar les felicito por el hermoso trabajo que hacen de regalar uno de los recursos más importantes que tenemos: nuestro tiempo. En segundo lugar, les hago un monumento en mi corazón por ir sembrando esperanza. El símbolo universal de la esperanza es el ancla. Los voluntarios del Teléfono de la Esperanza son anclas con las que muchas personas consiguen apoyar su barca emocional, espiritual, vital, en medio de tempestades. ¡Qué trabajo tan hermoso ese de ayudar a encontrar un poco más de equilibrio en la desesperanza!

Como voluntarios del TELÉFONO DE LA ESPERANZA  una de las habilidades más utilizadas es la escucha ¿Qué les  dirías a los voluntarios de nuestra Asociación para que esa escucha sea lo más eficiente posible?

La escucha es un arte. Nunca se termina de aprender del todo. El arte se va perfeccionando con la práctica. La escucha tiene un poder impresionante. Es capaz de acompañar a las personas en la soledad, de reforzar a quien está en crisis, de ayudar a comprenderse mejor a sí mismo, de facilitar la identificación de recursos no explorados, de liberarse de opresiones que hacen sufrir y pueden tener poder hasta de matar. La escucha sana, es terapia, es medicina para el ser humano.

Para que la escucha sea realmente útil ha de ser fruto de la actitud interior del silencio, de la disposición a centrarse en la persona del otro, y no solo en su problema; ha de ser fruto de la libertad de quien acoge sin juzgar.

Esto requiere no solo entrenamiento, sino también dejarse interpelar por uno mismo y por otros (supervisión), motivo por el que vale la pena mantenerse siempre vigilantes para que no se convierta en una rutina.

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Y finalmente, hablas en tus Cursos de la “SABIDURÍA DEL CORAZÓN”,¿Nos puedes explicar a qué te refieres con ello?

En efecto, me gusta más hablar de la “sabiduría del corazón” que de la “inteligencia emocional”. El corazón tiene ojos, tiene oídos, hace planes, es meditativo, palpita al ritmo de la vida. Es sabio, es capaz de saborear la realidad propia y ajena. El corazón entiende de razones que la razón no alcanza siempre a comprender. El corazón es una bomba muy potente y, bien utilizada, libre y liberada, es liberadora.

El corazón tiene su propio radar, sus antenas, capaces de percibir el mundo interior del otro. Por eso, creo que tenemos el reto de desarrollar este tipo de sabiduría en nuestras relaciones para ser más eficaces en la ayuda y más felices nosotros mismos.

José Carlos Bermejo


Carta del P. Daniel Díaz con motivo de las Fiestas Patronales

Nuestras Noticias - Junio 2010

 Fiesta Patronal de San Pedro y San Pablo

 EL REINO DE DIOS ESTÁ ENTRE NOSOTROS

Querida comunidad:

 Se acerca nuestra Fiesta Patronal y quería invitar a todos a unirnos en una misma alegría: ¡Dios y su Reino están entre nosotros!  Hoy día, los católicos vivimos en distintos modos la misma fe que nos une y a veces eso nos hace sentir que no somos una misma Iglesia. Algunos participan de la misa todos los domingos, otros lo hacen algunas veces y otros solo en ocasiones muy especiales. Algunos están más presentes en la comunidad participando en sus grupos, otros se acercan para recibir el bautismo o la primera comunión, o frente a situaciones de enfermedad o dolor. Son muchos los que expresan su fe uniéndose cada año a las peregrinaciones a distintos santuarios de la Virgen. Incluso, en la realidad de nuestra ciudad, donde nos movemos constantemente por nuestras múltiples actividades  en diferentes barrios, vamos descubriendo distintas iglesias y ya no hay una pertenencia geográfica a una sola parroquia. Muchas veces sentimos como propias a distintas comunidades, a las que visitamos si nos queda mejor un horario o nos resulta más expresiva para nuestra fe. O bien, vivimos nuestra fe sin participar de ninguna comunidad en particular. Esta es nuestra realidad como Pueblo de Dios. Y cada uno vamos recorriendo en la vida un camino particular, en el que  tratamos de dejarnos guiar por Jesús. Sin embargo esperamos que nuestras distintas búsquedas presentes nos lleven al final al Reino del Cielo, un Reino que es el mismo para todos.

La Fiesta de nuestros Santos Patronos Pedro y Pablo, es una oportunidad para reunirnos todos, más allá de nuestros modos cotidianos diferentes y celebrar nuestra fe común. El lema que nos convoca este año es “El Reino de Dios está entre nosotros”. Jesús mismo centró en el anuncio de la cercanía de su Reino, su mensaje a los hombres. Es el Reino de Dios, el Reino de los Cielos, el lugar donde Dios se hace presente como un Señor y Rey bondadoso que colma de plenitud y felicidad a quienes ya no son tratados como súbditos sino como verdaderos hijos. Con este lema queremos expresar que reconocemos la presencia de Dios y de su Reino en nuestra comunidad, en su presente, en su caminar y en el llamado que sentimos a ser una casa de “puertas abiertas” para que todos se sientan invitados a participar. Pero este lema quiere ir mucho más allá del templo. Nos invita a reconocer que el Reino de Dios está presente no solo dentro de nuestra comunidad sino en todo el barrio, en cada hogar y familia, en los comercios y lugares de trabajo, en las escuelas, en las instituciones estatales, civiles y sociales, y en cada ámbito en que nos encontramos y compartimos la vida y la fe.

Por todo esto, queremos que nuestra Fiesta Patronal sea signo de esta presencia, en la que reconocemos que Dios y su Reino están entre nosotros. Basta salir al encuentro del otro para descubrirlo. Los invitamos a todos a celebrarlo juntos.

P. Daniel


Reflexión sobre la escucha
Desde Madrid nos escribe Marisa Magaña, Directora del Centro de Escucha del Centro San Camilo

Cuando se necesita el desahogo tanto como respirar

En muchas ocasiones, como responsable del Centro de Escucha San Camilo, me he cuestionado si realmente el nombre “Centro de Escucha” era el idóneo, si realmente definía lo que “dentro de él se hacía, o  se pretendía hacer.

Si soy sincera, hasta hace relativamente poco, estaba convencida de que definirnos como representantes de escucha “se  nos quedaba corto”, que nosotros hacíamos más.

Después de varios años sentada enfrente de personas que están sufriendo he llegado a  entender que hacerse la pregunta ¿es eficaz la escucha? sólo tiene sentido cuando es respondida desde el que lo ha necesitado y ha tenido la fortuna de sentirse escuchado. Sólo frente a alguien con el  que sientes que mientras tú hablas está comprendiendo tu soledad, tú pena, tu rabia, me doy cuenta de lo equivocada que estaba, de mi falta de referente. Y me atrevo a  atestiguar que estar escuchando, es uno de los actos más curativos, más beneficiosos que se pueden entregar. Porque no hay sufrimiento más desgarrador que el sufrimiento mudo, el que ha de  ser tragado porque no hay a quien le importe.

Cuando un ser humano se atreve a mirarte a la cara y arrogarte entre sollozos “ya no puedo más” inconscientemente te está pidiendo la  fortaleza que le está faltando, que no le pueden o quieren dar otros para afrontar su dolor y sin lugar a dudas, parte de esa fuerza ya la está encontrando en tu comprensión, en tu mirada sincera, a veces de pena, a veces también de rabia por la crueldad de la vida.  Cuando un hombre no puede evitar las lágrimas al compartir contigo que su mujer  ya no le quiere, o que su hija a muerto o que le han maltratado en su trabajo y es soportado con una palabra de compasión y comprensión se produce un  vinculo especial, una dolorosa complicidad, que sólo se puede entender en su verdadera magnitud cuando se está viviendo. Cuando se necesita el desahogo tanto como respirar.

Después de haber sentido esto, a través de los demás y también de forma personal, cuando de vez en cuando, alguien, con su mejor intención me aconseja “porqué no cambiáis el nombre, es que  eso de Centro de Escucha no dice  nada” no puedo evitar pensar; ojala llegásemos a convertirnos en “eso” un  Centro de Escucha donde la ESCUCHA fuese verdaderamente el centro.

 

 

Marisa Magaña Loarte

Psicóloga

Directora del Centro de Escucha San Camilo

 


CARTA DEL P. IGNACIO PANDOLFINI
CARTA PARA REFLEXIONAR EN NAVIDAD
Algunos textos están extraídos de Cardenal Martini y de los Monjes del Cristo Orante


Navidad, aunque los tiempos sean tristes.

 No son pocos aquellos a quienes el clima navideño en las calles y hogares, con su invitación a estar felices, festejar y gastar, van empujando irremediablemente a la angustia, que aunque presente en el año, en esta fecha se les hace más difícil, y en la que sólo quieren que pase rápido el 24 a la noche  y aguardan el 26 para que ya haya pasado lo peor.

 Para ustedes, con mucho respeto y cariño, son estas palabras de quienes fuimos acompañando este tiempo de duelo desde la escucha, la oración y el consejo, y creemos que la Navidad puede vivirse con paz y alegría (ya veremos qué tipo de alegría),  como resucitados, despiertos a la Vida que Dios Padre nos trae en su Hijo Jesús.

 “Yo no tengo nada que festejar”.  “A mí que no me vengan con ninguna invitación”. “Yo quiero estar sólo/a”.  “No quiero molestar a nadie con lo mío”.  Son muchas las veces en que escuchamos estas frases cuando se vienen las fechas importantes como cumpleaños, aniversarios y también con la Navidad.  El dolor por la muerte de un ser querido nos deja “fuera” de los festejos y nos sentimos desubicados en medio de los que se ríen, brindan y festejan.  También aparece el sentimiento de bronca y de reproche a los otros por no poder “comprendernos”. Dios parece abstracto, inútil: nos pesa su silencio y el corazón está frío y distante con tanta tristeza. Y es realmente así. Estos sentimientos nos acompañan durante el duelo y no se alejan aunque vengan Navidad y Año Nuevo.  Es parte del camino del duelo y hay que atravesarlo si uno quiere sanar la herida de amor que provocó esa muerte.  Navidad puede ser un tiempo de profunda sanación para quienes necesitamos salir adelante con su vida. 

Creemos que para algunos, o muchos o tal vez para todos, sólo una alegría que conviva con el sufrimiento pueda ser la invitación que tanto esperan.  El problema de la alegría barata, superficial no es que esté mal; es más simple que eso: no sirve.  El “pum para arriba”  sencillamente no levanta a nadie.  Tenemos que buscar otra alegría, alternativa, sin brillantina ni lucecitas de colores.  El pesebre de Belén y la luz serena que de allí sale nos confirman con gozo: ¡hay una felicidad para los infelices!, una dicha para el desgraciado.  Y somos varios los que caminamos a paso firme o a la rastra para anotarnos en ese censo.  Por el mismo camino avanzan en la noche de Palestina los esposos María y José, hacia Belén, caminan con un gozo profundo, lleno de oculta gloria, con la certeza de estar en las manos de Dios Padre que los sostiene y pacífica.  Es esta “otra alegría” que queremos descubrir.

Y, finalmente. decir en Navidad que la noche-es-buena (Nochebuena) debería hacernos pensar. ¿Cómo puede una noche “ser buena”?  ¿Qué tiene esa noche que pueda iluminarnos?  Para quienes extrañan la presencia del hijo o la hija, de  papá o mamá, de un hermano o de los abuelos, los invitamos a mezclar la propia vida con las angustias del Pesebre, para que el llanto de ese Niño lleno de Vida y Sentido, como música secreta, nos recoja y refugie en el abrazo de “una alegría otra”, que nadie nos puede arrebatar.

Por eso nos animamos a desearles. ¡Feliz Navidad!  con  la promesa de tenerlos en nuestro pesebre junto a María, José y el Niño Jesús.

Grupo Resurrección.

Parroquia Ntra. Sra. de La Cava

Este texto nace con el aporte de otras lecturas que nos ayudaron a poner palabras

 


Carta de Navidad del P. Daniel Díaz
Párroco de la Parroquia San Pedro y San Pablo

Queridos amigos,
Sabiendo lo difícil, que puede resultar celebrar una fiesta, cuando nuestro corazón está lejos de sentimientos como la alegría, la esperanza, la paz, he querido escribirles unas líneas a modo de reflexión y para expresarles que llevaré a la mesa del altar en esta nochebuena un pedido personal: que Jesús les conceda experimentar en la Navidad su presencia y su infinito amor.
Quisiera proponerles por un momento, poner nuestra mirada en los pastores de Belén. Ellos eran hombres rústicos, de vida a la intemperie; hombres vigilantes en medio de noches peligrosas. Nada hacía pensar que Dios los elegiría como los primeros destinatarios de la buena noticia de la encarnación de su Hijo. Y sin embargo así fue: un ángel se les apareció de pronto, quedaron envueltos en la claridad de la gloria del Señor, y escucharon a los ángeles cantar y alabar a Dios. Pero esos ángeles volvieron al cielo y ellos de nuevo quedaron en la noche, fría y peligrosa. Sin embargo no dudaron de la noticia: el Salvador había nacido, y se dijeron ¡Vayamos a verlo! Encontraron al Niño Dios, no en esplendor de Gloria sino en la sencillez de un pesebre. Un Dios envuelto en pañales! Y,a pesar de lo irreverente de la situación, pudieron reconocerlo aunque fuera pequeño e indefenso. Esto transformó tanto sus vidas, que volvieron a sus campos y sus noches llenos de alegría y habiéndose apropiado el canto de alabanza a Dios que habían escuchado de los ángeles.
Nosotros no somos muy distintos de estos pastores. Nada haría pensar que Dios quiere nacer en nosotros en esta Navidad: no somos los indicados o no es este mi momento - quisiéramos explicar para que nos entiendan mejor - y sin embargo, Él nos elige, como eligió el pesebre. No porque seamos el lugar indicado, sino justamente por lo contrario. Que misteriosa son para nosotros sus opciones!
Ese Dios, que sabe de nuestras noches y nuestros fríos, que sabe que nos sentimos como si los ángeles se fueron al cielo y nos quedamos aquí como los pastores. Que ve que como ellos estamos sin comprender nada, dudando de si lo bueno fue verdad o sueño, de si todo fue apariencia y engaño, nos llama a actuar como los pastores. Nos invita a decir: Vayamos!! con ellos. Con ellos y entre nosotros. Ese vayamos es plural, lo hacen varios. Es una decisión difícil y por eso necesitamos sostenernos unos a otros en ella. Necesitamos reconocernos débiles y animarnos a pedir ayuda y compañía, para que nuestra decisión de buscar la Salvación no decaiga, no muera.
Hacer camino, eso hicieron los pastores. No habrá sido fácil buscar un pesebre en la noche, a veces dudando si sería cierto ese anuncio de los ángeles. Sin embargo perseveraron, ayudándose mutuamente. Y finalmente encontraron su Navidad, a su Salvador. No debió ser del todo como esperaban en otros tiempos: era pequeño, frágil, indefenso. ¿Era verdaderamente el Salvador? Sí, y pudieron reconocerlo.
Nosotros tenemos que pedirle a estos pastores que nos ayuden a seguirlos. Hay que animarse a caminar hacia el pesebre, hacia el Salvador. Todavía más, llegados ante Él, tenemos que abrirnos a reconocerlo de un modo nuevo. El nos salva, pero no como esperábamos. Nos salva mostrándonos hasta que punto nos ama. Nos salva cuando nos dice que aunque es Dios nos ama hasta el punto de hacerse hombre y venir a compartir nuestra debilidad, nuestra duda, nuestro dolor. Y en Pascua llega el día en que nos muestra que nos ama hasta compartir con nosotros la muerte. En su amor de Belén ya se prefigura el amor de la cruz. Es el mismo amor, que irá venciendo al dolor, al pecado, al mal, a la muerte. Belén es el amor en germen, en semilla, un amor que se desplegará hasta mostrarnos sin lugar a dudas que Él es el Salvador.
Pero por ahora, ¡nos parece tan pequeño!. No importa. Como los pastores creamos y acompañémonos para sostenernos en la fe: en este pesebre está mi Salvador. Aunque hoy siento con todo mi ser que su salvación está lejos, tengo que animarme a descubrirla a mi alcance en lo pequeño. Porque si lo hago, lo pequeño tiene el poder de crecer, como el grano de mostaza, que siendo de las más pequeñas semillas, llega un día a cobijar aves en sus ramas.
Que Dios los colme de su paz y renueve su esperanza y toda su vida en esta Navidad.

P. Daniel  Díaz

Párroco de la Parroquia San Pedro y San Pablo

 


Redescubriendo la Pastoral del Duelo
Extraído del libro: Pastoral de la salud – Identidad, misión y desafío –. Autor: Padre Mateo Bautista. Editorial Verbo Divino (Cochabamba).

Redescubriendo la pastoral del duelo

No es un Dios de muertos, sino de vivos (Mc 12, 27)

(Mc 12, 27)

La pastoral no sólo se adentra en el mundo de la salud, del dolor y de la enfermedad, también en uno de los mayores enigmas del ser humano: la propia muerte y la de los seres queridos.

La Iglesia, con su anuncio de esperanza y resurrección, desde siempre se ha mostrado solícita en estos momentos de tristeza, desconcierto, impotencia, crisis y vulnerabilidad; con tres presencias:

La liturgia de las exequias

El anuncio de la Resurrección

La diaconía de la caridad

La muerte de un ser querido, especialmente si es la de un joven o llega de manera abrupta, replantea muchos aspectos de la vida, examina el propio sentido existencial, interroga sobre los cuestiones más vitales, obliga a reconciliarse con los límites, a confrontarse con Dios, a comprobar la caridad de la comunidad... Por eso, todos en la Iglesia debemos hacernos prójimos de quien se encuentra en duelo, como Jesús (Cfr. Jn 11, 1-44; Mc 5, 35-43; Lc 7, 11-17).

Todos, clérigos y laicos, hemos de regalar presencia, dar motivos de esperanza en estos momentos tan delicados, reafirmar el valor de la vida, situar el acontecimiento de la muerte en la perspectiva de la resurrección y ayudar con sabia capacidad a elaborar sanamente el duelo, en los meses sucesivos al fallecimiento. La fe no suprime el sufrimiento sino que lo reorienta para elaborarlo positivamente.

La pastoral del duelo ha de venir precedida de una gran solicitud hacia la persona enferma y su familia, y ha de realizarse con sumo tacto. Por eso, especialmente en las exequias que es el momento único para muchas personas de conectarse con la Iglesia, se aconseja:

Los sacerdotes... tienen también el deber de reanimar en los presentes esperanza... pero deben hacerlo con delicadeza y tacto, de modo que al expresar la comprensión materna y al presentar el consuelo de la fe, sus palabras sirvan de alivio al cristiano que cree, sin herir al hombre que llora.

Por eso conocer las fases del sufrimiento y la dinámica del proceso del duelo es elemental.

Una nueva modalidad pastoral se está imponiendo con buenos frutos evangelizadores: los grupos de mutua ayuda en duelo. La Iglesia está creando estos grupos, pretendiendo que tengan una identidad católica (aunque son abiertos para todos), ayuden a sanear la imagen de Dios que suele deteriorarse, elaboren las culpas y miedos, motiven a la esperanza y recreen el sentido de la vida, anuncien la misericordia y la resurrección del Padre, promuevan un cambio para mejor en la vida de la persona, estimulen la solidaridad y la reinserción en la comunidad, y que se utilicen el gran recurso sanante de la fe y de la oración.

Ver: http://www.pastoralduelo.com/


Carta a los voluntarios y coordinadores de la Pastoral del Duelo
Desde España, nos escribe José Carlos Bermejo, Director del Centro de Humanización de la Salud.

A los voluntarios y coordinadores de los grupos Resurrección:

Sé de vuestra existencia desde hace algunos años y admiro el trabajo que hacéis para acompañar a las personas que han perdido un ser querido. Es un momento de especial vulnerabilidad en el que los seres humanos podemos caer en dinámicas de aislamiento, exclusión y marginación, enfermedad o, por el contrario, crecer en humanidad y salir de la crisis fortalecidos. Este camino deseado no es fácil realizarlo solos. Por eso, encontrar compañeros de camino, acompañantes que saben estar, que se especializan en la escucha atenta, que estudian el fenómeno del duelo desde diferentes perspectivas, es una oportunidad para verificar la solidaridad y la comunión en el sufrimiento.

Desde el Centro de Humanización de la Salud de España (de los religiosos camilos), donde realizamos también esta labor de ayuda individual y grupal mediante la estrategia del counselling en el Centro de Escucha San Camilo, nacio en 1997, sentimos una particular comunión con todas las personas que trabajan apasionadamente por la misma causa. Por eso, estas palabras quieren ser de admiración por un lado, y de expresión de la comunión por otro.

Podéis encontrar también algunos recursos útiles en nuestra web www.humanizar.es, en particular en la sección documentos y en la sección libros.

Ojalá el duelo sea sólo la expresión sana del amor hacia nuestros seres queridos cuando los hemos perdido y prevengamos el duelo patológico y los sufrimientos y enfermedades asociados.

José Carlos Bermejo

Director del Centro de Humanización de la Salud

Madrid - España


El Dr. Roberto Ré nos escribe sobre los sentimientos en el proceso del Duelo

¿Es posible transformar nuestros sentimientos?

El mundo de los sentimientos forma parte de la riqueza de la condición humana. Algunos de ellos son fuente de energía, vigor, salud y felicidad. Otros, de desdicha, desgano, infelicidad y múltiples dolencias. Para crecer como personas, necesitamos conocer que los sentimientos de enojo, miedo, envidias, celos, duelos, culpas, etc, son parte de la condición humana.

Los sentimientos nos acechan desde el nacimiento, y nos hacemos más humanos, cuando los afrontamos y elaboramos.

Modificar los sentimientos insanos en sentimientos sanos no es una tarea fácil.

El secreto para alcanzar esta transformación radica en reconocer, aceptar y asentir, darles un lugar a nuestros sentimientos.

Reestructurar el pensamiento es cambiar la estructura; y resignificar es cambiar el signo de los sentimientos, es decir, de negativos a positivos.

Estas habilidades las posibilita el proceso  psicoeducativo, que nos aporta instrumentos para afrontar nuestra vida sanamente.

Pero es posible transformarlos a través de un saber y un hacer psicoeducativos.

Una tarea que nos puede demandar un tiempo, pero a sus frutos los podremos ver en nuestra vida cotidiana, mejorando nuestra salud integral, la relación con nosotros mismos, con los otros, y con el Otro Trascendente, Dios.

¿Es posible madurar nuestros apegos?

Una de las principales fuentes de sufrimiento es el apego a nuestros deseos, caprichos, pasiones, aferramientos emocionales, al pasado, a personas, a objetos, a situaciones, a imágenes de nosotros mismos.

Para desapegarnos de estas cuestiones humanas, liberarnos de insanas emociones y sentimientos, convertirnos en artesanos de nuestra propia vida.

Aprender a des-apegarnos implica conocernos a nosotros mismos, conocer a que tendemos a apegarnos.

Así, nos transformaremos en hombres nuevos. Más livianos y  libres de ataduras insanas. El apego perderá la batalla, cuando lo desocultemos y lo miremos de frente, cara a cara, porque nuestra ceguera es lo que le da poder sobre nosotros.

Éste es el desafio: reflexionar psicoeducativamente nos permitan despertar a la realidad, para madurar y crecer de manera integral.

Prof. Dr. Roberto Federico Ré

Fundador de la Red Sanar

 


El duelo de la Vírgen María

 ¡Qué duro es la muerte de un hijo para una madre!.Sin duda, el mayor sufrimiento de la vida y del alma. Hubo una mujer, hace 2000 años a quién le mataron a su único hijo, y se llamaba María. Y se lo mataron en la cruz, era el mejor Hijo del mundo. Ella sí que lo podía decir, Y se lo mataron delante de ella.

En un momento aquél Hijo en la cruz dijo: 

 - Papá, perdónalos que no saben lo que hacen. Pero ese papá también hay que interpretarlo así: mamá perdónalos porque no saben lo que hacen. Y aquella mujer estaba junto a la cruz, desgarrada por dentro. Aquella mujer, seguramente oraba y  pensaba ante Dios: - están matando a tu Hijo, pero están matando también a mí Hijo, al fruto de mis entrañas. Y cuando María escuchó , Padre  perdónalos, que no saben lo que hacen, aquella mujer supo que le estaba diciendo: mamá, perdónalo que no saben lo que hacen. Y María perdonó a los verdugos de su Hijo. Se convirtió en madre de la misericordia. Aquella mujer es un modelo de cómo elaborar las mujeres del mundo sus sufrimientos.

Y aquella mujer, humana, plenamente humana, doliente, porque la fe no elimina el sufrimiento, lo ilumina. Aquella mujer supo cómo Jesús dejarse amar por Dios Padre.

Y podemos preguntarnos: aquella mujer, María, ¿fue feliz el resto de su vida?

Sí, ¿Por qué? Porque esta mujer, María no se quedó con el sufrimientote de su Hijo, sino con la resurrección de su Hijo. No se quedó con el pasado, sino, con el presente y futuro que es Jesús resucitado.

No se quedó con un sufrimiento, se quedó con la riqueza del sufrimiento.

Aquella mujer, vivió para la resurrección, y con la resurrección de su Hijo.

Aquella mujer, tras la resurrección de su Hijo, vivió ya cómo resucitada.

Aprendió a trascender en cada momento.

Qué María sea el modelo de un proceso de duelo, sano, saludable, sanador y salvador.

P. Mateo Bautista

 

                   

 

 



Hay acontecimientos en nuestra vida que nos desgarran, nos humillan, nos empapan de lágrimas.
Hay situaciones que nos arrancan gritos de rabia, nos sumergen en el mar de la incertidumbre y nos hacen levantar los ojos al cielo; unas veces, con fe purificada; otras veces, desafiantes; otras, con desconcierto.
Queremos entender la racionalidad de los hechos pero naufragamos en un mar de sinsentidos, culpas y temores.
Hay hechos que nos marcan para siempre, y hasta nos desequilibran existencialmente. La muerte de un ser querido (especialmente, hijo y cónyuge) van a dejar una huella imborrable. Después de ello, nadie será igual.
¿Qué hacer? ¿Cómo orientarse en la vida? ¿De dónde sacar fuerzas y motivación? Porque la vida sigue, el sol vuelve a salir, el tiempo no se detiene. La mente, el corazón y la fe van a ser testigos de una revolución interior. ¿Qué va a hacer el sufrimiento con la vida del doliente? Pero es mejor la alternativa: ¿Qué va a hacer el doliente con su duelo y con su vida?
Y si nadie debe sufrir solo, tampoco nadie debe hacer el duelo solo. Por eso, como Iglesia ofrecemos la pastoral del duelo para iluminar la oscuridad del sufrimiento y hacerlo motivo de crecimiento. Los grupos de mutua ayuda “Resurrección” son todo un acompañamiento terapéutico, respaldados en el humanismo cristiano y en la resurrección de Cristo, porque el secreto de la muerte hay que buscarlo en la vida que aporta la resurrección del Señor Jesús.
Los coordinadores de los grupos “Resurrección” son personas saboreadoras del sufrimiento, con experiencia de Dios, que han elaborado sanamente su duelo, expertos en acompañar el dolor del    a través de los encuentros comunitarios de mutua ayuda.
Y está página Web será un  subsidio muy valioso para quien esté en duelo; un soporte humanista, terapéutico y de fe; un camino para transitar del sufrimiento al crecimiento; una mano solidaria para restaurar la armonía de las dimensiones emocional, mental, social, valórica y espiritual del sufriente.
Que el Señor Jesús, marcado por las llagas de su pasión y vencedor del mal y de la muerte, nos conceda su gracia para que descubramos que el secreto de la muerte hay que buscarlo en la plenitud de la vida.

 
Padre Mateo Bautista
Religioso camilo

 



Carta del P. Daniel Díaz

 

Queridos coordinadores de grupos de Resurrección,

            Con ocasión de la inauguración de esta nueva página me han pedido les escribiera unas líneas a todos los  que  con tanto cariño y dedicación acompañan a hermanos que están sufriendo la muerte de un ser querido. Para mí, que recién el año pasado comencé a compartir sus encuentros y esfuerzos, es un gran desafío pero, al mismo tiempo, me llena de alegría el haber sido invitado, como un nuevo compañero de camino, a compartir en voz alta lo que vengo pensando.
Para acompañarlos y caminar junto a Uds. no puedo ir sino hacia donde van y quienes eligieron el nombre del Grupo me indican el rumbo. Centro, entonces, mi mirada y los invito a hacer lo mismo conmigo, en el Misterio que estaremos celebrando muy pronto y para el cual nos estamos preparando: la Pascua de Resurrección.
Pascua es puente de la muerte a la Vida, de la oscuridad a la Luz, del fracaso sin sentido a la esperanza confiada. Ustedes son facilitadotes de ese puente, se hacen hermanos (en el sentido más pleno que pueda tener esa palabra) de quienes tienen que atravesar ese puente para encontrarse con el Resucitado, con la esperanza de la resurrección de su ser querido y con su propia resurrección.
Saben que la tarea no es sencilla. Caminar con el que sufre no es fácil porque no hay modo de evitar que uno sea insertado en el misterio de esa cruz y eso es doloroso. Es cruz sentir que el otro sufre, es cruz saber que los caminos a veces son lentos y cuesta arriba, es cruz saber que el otro no puede esquivar del todo la soledad de su cruz. Cuando se ama, y uds. hacen tarea de amor, es cruz ver al amado crucificado. Y sin embargo es un privilegio y un infinito don en que Dios les regala, porque cuando acompañan a alguien que sufre, Cristo sufriente está con él.  Ustedes. se hacen compañeros de Cristo y permanecen fieles al pie de su cruz, en la certeza de la fuerza de la Resurrección. Una y otra vez, en cada persona que se acerca, hacen Pascua Uds. mismos y ayudan a otros a hacerla, resucitan y se hacen instrumentos de Resurrección. Es asombroso poder descubrir que el Señor siempre nos da más de lo que podamos dar.
Quiero despedirme animándolos a vivir cada vez más plenamente el Misterio de Cristo en su propia vida y en cada uno de sus grupos. Saben que el corazón del hombre es un poco duro y necesita de muchas conversiones, de muchas pascuas, para liberarse de sus temores y esclavitudes y poder amar con plenitud. Sepan también que en el mismo servicio de caridad que prestan a sus hermanos Dios les dará la gracia de transitar una y otra vez, cada vez más profundamente, su camino personal de Resurrección.
                           
P. Daniel Diaz
Párroco San Pedro y San Pablo. Olivos

 

 


Cartas a los Coordinadores

Queridos coordinadores:

Bienvenidos a este espacio de encuentro, diálogo e intercambio de experiencias entre quienes compartimos la vocación de servicio a los hermanos en situación de duelo. Anhelamos que éste nuevo medio nos permita alentarnos mutuamente en este camino y, sobre todo, fortalezca el espíritu esencialmente comunitario que a todos nos anima.

Desde aquí procuramos dar a conocer a toda la comunidad la existencia del Grupo Resurrección, nuestra tarea y los numerosos frutos cosechados en el acompañamiento de quienes transitan su duelo hacia un reencuentro con la Vida. Y también compartir y consesuar los aspectos metodológicos que utilizamos, tanto como como las intensas experiencias que vamos recogiendo en el camino.

Deseamos alentar la mutua tarea, dinamizando los modos de comunicación que puedan ayudarnos a hacerla más fecunda aún. Para ello, les faciltamos el acceso a los contenidos necesarios para la reflexión y el acompañamiento de los diversos grupos. Y muy especialmente ofrecemos aquí el acceso a un Foro de Intercambio que nos permitirá dialogar de modo libre y abierto sobre diferentes aspectos.

Te acercamos nuestro abrazo y nuestra disponibilidad para escuchar tus sugerencias y opiniones para dar vida y enriquecer este espacio del que anhelamos puedas participar activamente.

Gran abrazo!!!!

Mónica y Mario Irigoy

 


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