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¿Dónde esta tu ser querido que murió?

¿Dónde está tu ser querido que murió?,  ¿Dónde está?,  ¿Dónde lo tienes?

 Es muy importante ubicar a nuestros seres queridos y ubicarnos nosotros.

  Hay muchas personas que dicen: - Está aquí en mí corazón.

 No puede estar en tu corazón, porque ahí está tu amor por el o por ella, pero no él o ella. No es tu cosa, no es tu posesión, tu amor por el o por ella no son ellos.

 Podrás decir que va con vos a todos sitios, no te pertenece, no es tu compañero de camino. Y tal vez puedas decir está en el cementerio. El cementerio es un lugar para los cadáveres, pero no para las personas que fallecieron donde está la  resurrección y la vida.

 Tu ser querido dejó esta existencia, pero no dejó la vida. Dejó el tiempo pero entró en la eternidad.

 Tu ser querido no es un lugar físico, no es un espacio, ni siquiera tu ser querido es un recuerdo, ni es un pasado. Tu ser querido está en la resurrección  de Dios.

 

Es el, ella misma feliz en Dios. Es presente y es futuro. La resurrección, la vivencia de la resurrección es el mejor ayudante en tu proceso  de duelo.  ¿Y por qué puedes amar a tus seres queridos? Porque no son cadáveres,  porque no son un pasado, porque son ellos mismos en Dios.

 Y no te olvides de dejarte amar, porque el amor es más fuerte que la muerte.

 

Es muy fácil amar a los que se murieron, no es tan fácil dejarse amar, porque exige un proceso de desapego, un lenguaje nuevo de amor. Y ésta es la admirable comunión de los santos. Ellos nos aman con el amor de Dios.

 Déjate amar por tus seres queridos, y ellos te van a pedir que seas feliz.

 



¿Dónde estaba Dios?

¿Dónde estaba Dios cuando yo sufría tanto?, ¿Dónde estaba Dios? ¿Sabrá Dios lo que duele la muerte de un ser querido?

¿Sabrá Dios? Claro, como Él está en el cielo y nosotros en la tierra, nosotros somos los que sufrimos.

 

 ¿Pero será esto así?

Nunca debemos olvidar que Jesús verdadero Dios y verdadero Hombre, se encarnó entre nosotros. Dios Padre tuvo un solo Hijo, y los hombres se lo matamos en una cruz, delante  de su madre. Dios sabe lo que es el sufrimiento por la muerte de un hijo asesinado. Dios sabe  lo que es el sufrimiento porque Él  lo ha experimentado desde su  paternidad. Jesús en la cruz oró al padre. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. No sólo Dios conoce tu sufrimiento, sino que Él quiere estar en tu sufrimiento, junto a tu sufrimiento, como Dios Padre estuvo junto al sufrimiento de su Hijo.  Y Jesús en la cruz se dejó amar por Dios Padre, más aún, se dejó amar  infinitamente, lo llamó Abad, papá. Dios Padre te ama en tú sufrimiento, te está fortaleciendo, tienes que dejarte querer por Dios Padre. Y Jesús murió y resucitó. Podrás pensar, hay personas que lo dicen:   - Dios me lo quitó, Dios me lo llevó.  Dios es Padre, tuyo y de tú ser querido.

 

 Él no te lo quitó, te lo recibió. Por eso Él es la Resurrección y la Vida, y en tú  sufrimiento, en tu proceso de duelo Dios no sólo es tú Padre, Él es tú mejor amigo,

 Él es la fuente de tu sanación. Él quiere estar y apoyarte, para que tu sanes tu  mente, tu corazón y tu fe.  

 

El duelo en el suicidio

 Mí ser querido se ha suicidado. Trabajar esa herida nos lleva a un duelo extraordinario. ¿Por qué es un duelo extraordinario? Por las características que reviste. Veamos alguna.

A veces no se puede despedir uno del ser querido.

 Segundo, es una muerte violenta, el suicidio también nos mete en una gran culpabilidad. ¿Qué hemos hecho nosotros de malo?

 

En el suicidio puede haber mucha bronca.

¿Por qué no confió en nosotros?  ¿Por qué no nos lo dijo?

 Mucha bronca. Y el suicidio también deja muchas preguntas sin respuesta.

 

En el suicidio hay también una pregunta muy lacerante, y una pregunta desde la fe.

¿Se salvará mí ser querido?, ¿Se salvará?

 

Por tanto dos frentes,  como trabajar mí agresividad a veces con mí ser querido suicidado, esa agresividad tiene que salir, es una bronca que tiene que sanarse.

Y la clave siempre es el perdón.

 

Atrevámonos a convivir con muchas preguntas sin respuestas. Pero, me puedo preguntar desde la fe, y le puedo preguntar a Dios: ¿Se salvará mí ser querido?

Acudamos a la palabra de Dios, y acudamos al que es maestro en el duelo y en el sufrimiento y en la elaboración del duelo, Jesús.

 

Estando Jesús en la cruz, ¿Qué dijo?, ¿Cómo oró?

-Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen. Si Jesús pide al Padre que perdone a los que matan al Hijo de Dios, que no podrá perdonar Dios Padre en su infinita misericordia. Por tanto, nunca desconfiemos de la misericordia divina. Y no olvidemos, que detrás del suicidio hay una afectividad herida, hay un descontrol de la mente, hay una enfermedad  y una patología. La iglesia ora por los que se suicidaron, y nosotros tenemos que recuperar la paz interior. Paz, perdón, misericordia. Y entreguemos a nuestro ser querido en las manos de Dios Padre.

 

A un ser querido suicidado, ¿Cómo padre alguien puede no perdonar a su hijo?

Si nosotros lo perdonamos, ¿ cómo Dios Padre no lo va a perdonar?.

 

 

 



Lo que no se acepta, no se asume

Lo que no se acepta no se supera, lo que no se acepta no se sana, lo que no se acepta deja una herida permanente. Y herida permanente es sufrimiento para uno y para los demás.

El duelo es sanar una herida, y tiene caminos porque es un recorrido.

 ¿Cuál es el primero y más elemental?

 

Aceptar una realidad. Primero y elemental, pero no quiere decir que sea fácil.

En el duelo no hay nada fácil, pero no hay nada imposible.

 

Por eso en el duelo, hay que sufrir sanamente para dejar de sufrir. Es un proceso interior, donde al sufrir maduro, sí sufro positivamente.

¿Por qué es duro aceptar?

 

Porque eso implica que tengo que hacer un camino interior. Tengo tal vez que cambiar ideas, perspectivas, proyectos, aceptarme como soy, con mis virtudes y mis errores, integrar el pasado, y sobre todo:  ¿Por qué me cuesta aceptar una realidad?.

 

 Porque eso me compromete a un proceso positivo hacia el futuro. A no morirme con los muertos, a vivir para los vivos, a recrear un proyecto existencial.

 

 ¿Y qué implica aceptar a una realidad?

Morir a muchas cosas, para nacer y vivir a otras. Aceptar es el primer paso. Lo que no se asume, no se supera.Y en la aceptación se empieza por lo más propio de las personas, que no lo tienen los animales, es el lenguaje.

 

Si ha muerto un ser querido, aunque me duela el alma, se me remueva todo por dentro, yo debo decir, mí ser querido se ha muerto.

Y si es un duelo extraordinario como un suicidio, se ha suicidado. No empleemos eufemismos , no nos engañemos. Porque yo soy el sufrimiento, y yo soy mí  sanador.

Aceptar es sanar, aceptar es sanarse, aceptar es madurar y crecer.



El sentimiento de culpa

Tengo culpa, siento mucha culpa .Estoy en duelo, siento mucha culpa.

¿Qué hacer con el sentimiento de culpa?, ¿Cómo trabajarlo?

¿Tengo que convivir con esta culpa toda mí vida?

Hay que diferenciar dos cosas: sentir culpa y tener culpa. Todo duelo siempre hace sentir culpa. Haya o no haya siempre surge el sentimiento de culpa. Por tanto, todo en el duelo tiene que ser asumido. Siento culpa, es bueno, todo tiene que ser sentido para ser tratado, pero no puedo quedarme en la culpa. Eso está muy bien, porque siento culpa pero no hubo culpa o responsabilidad.

¿Qué hacer, cuando realmente  uno siente que fui culpable? Siempre hay que sanar toda situación, no nos podemos quedar en el pasado. ¿Y cómo actúa la culpa?

La culpa es circular, y siempre nos lleva a un mismo centro, a un mismo lugar, tú no hiciste bien las cosas, eres culpable. Pero la culpa tiene otro movimiento interior, es que nos lleva siempre del presente al pasado, y cuando la culpa me lleva al pasado no puedo cambiar yo la historia. Estoy atrapado, estoy en el circulo vicioso de la culpabilidad. Tengo que salir de ese circulo. No puedo permitir que siempre me lleve hacia atrás, donde no puedo cambiar las cosas. Pero yo si puedo cambiar, cambiando mi emocionalidad, transformando mi mente, tengo que sanar la culpa.

 ¿Hay cosas qué tengo que aceptar? Las voy a aceptar.  

¿Tengo que pedir perdón? .Voy a pedir perdón.

¿Tengo qué perdonarme? .Voy a hacer esta generosidad conmigo.

¿Tengo que pedir perdón a Dios?. Lo voy a hacer.

Pero yo tengo que ir hacia el futuro. De la culpa hay que salir, hay que sanarse.

La culpa, no le tengan miedo. La culpa sea un motivo de crecimiento.



El sentimiento de bronca

Tengo mucha bronca. En el sufrimiento surge la bronca hasta la ira, hay agresividad en el sufrimiento. El sufrimiento hondo implica también una bronca honda. Tengo bronca, y a veces no se porque, y a veces no se contra quién, pero estoy mal por dentro. Y a veces sí lo se muy bien, tengo bronca conmigo mismo, tengo bronca con los demás, tengo bronca con todo, tengo bronca con Dios. Y tengo bronca por tener bronca, me siento mal, pero siento que me domina, es como un sentimiento que me sale de adentro.

 En el duelo hay que trabajar los sentimientos. Los sentimientos básicos son cuatro:

Alegría, tristeza, miedo y bronca.

Esos cuatro sentimientos van recorriendo nuestro proceso de duelo. Ustedes saben que en el duelo el miedo se mete en el cuerpo, la tristeza oxida el alma, y la bronca nos sale de adentro con efusión.

Pero los sentimientos hay que conocerlos, hay que aceptarlos, hay que manejarlos, hay que canalizarlos, hay que expresarlos bien. No puedo dañarme con mis sentimientos descontrolados, no puedo dañar a los demás con los sentimientos y tampoco descontrolados. Todo tiene que ser saneado en el proceso del sufrimiento.Y tengo bronca con Dios, estoy resentido con Dios, tengo amargura, porque persona de fe ¿cómo Dios me hizo eso?. Me siento golpeado, hasta castigado, hasta probado, tengo ganas de patalear contra Dios.

Tengo bronca con un Dios al que a su vez lo amo, al que digo que es mí Padre , pero tengo bronca.

Dios no se asusta de tu bronca. La bronca es también hasta una expresión de la fe, una fe, que tendrá que ir madurando, que tendrá que expresarse de otra manera.        

 ¿Y cómo sanar esta bronca?

Hay un camino que no debes seguir. ¿Sabes cuál es? El de patalear contra Dios y el de irte. El que se va, pierde, el que patalea es un niño. Dios no va a cambiar. Si tu crees que tiene que cambiar Dios en tu bronca porque Dios no te lo ha llevado a tu  ser querido no te lo ha matado, no le ha mandado una enfermedad, estaba con vos.

 Se sale de la bronca  expresando la bronca, pero también  con la mente, tengo que aceptar la bronca, tengo que darle una idea positiva, tengo que transformar esa  agresividad que tiene la bronca, de negatividad en positividad. Y el amor y el sentirse amado, es el camino. Dios no te tiene bronca porque tú le tengas bronca.

Pero Dios quiere que tu te sientas muy amado por Él.



¿Estar en duelo o hacer el duelo?

Sufrir, no es hacer el duelo. Muchas veces escuchamos tal persona está en duelo, pero debe quedarnos claro. Sufrir no es hacer el duelo. Por eso tenemos que distinguir entre estar en duelo, y hacer el duelo.

¿Qué es estar en duelo?

Es una actitud pasiva ante el sufrimiento. El sufrimiento me puede, el sufrimiento me domina, el sufrimiento me desborda. Estar en duelo es un duelo negativo.

¿Qué es en cambio hacer el duelo?

Es donde yo me hago protagonista de mí sufrimiento, donde yo lo elaboro, donde yo lo trabajo. Yo se que estoy herido, pero tengo que sanar, y por eso pongo voluntad. Me tengo que trabajar en el sufrimiento. Hacer el duelo es partir de esta convicción, de que el sufrimiento soy yo. El sufrimiento no está arriba de mí, no está debajo, ni adelante, ni detrás, el sufrimiento soy yo. Y vaya a donde vaya llevo al sufrimiento. O yo domino al sufrimiento, o el sufrimiento me domina a mí. Por tanto, el duelo es un largo recorrido, es sufriente, pero debe tener un objetivo, sanar la herida, cicatrizarla, para llegar a una madurez de la vida.

No olvidemos, sufrir puede ser estar en duelo, pero no es hacer el duelo.

Elaborar el duelo es llegar al final de un proceso de sanación.

 

Las actitudes ante el sufrimiento

Hay duelos y hay duelos. No todos los duelos son iguales, porque las actitudes no son iguales. En los duelos tenemos que trabajar las opciones y las acciones.

Nadie sale del sufrimiento simplemente por hablar. Es importante hablar, pero se necesita algo más. En el duelo tenemos que trabajar las actitudes.

O yo domino al sufrimiento, o el sufrimiento me domina a mí. Y las actitudes quiere decir, como me posiciono yo ante mí herida.

Yo soy sanador herido, tengo que aceptar mí herida, pero tengo un poder terapéutico que tiene que sanar mí herida.

¿Y cómo me sitúo ante los demás? En el sufrimiento no puedo caer en la tentación de ser el centro. Tengo que ser ayudado y tengo que ayudar.

Tengo actitudes positivas, o actitudes negativas.Y las actitudes también son cordiales, tengo que hacer un buen manejo de mis sentimientos y las actitudes  implican  una acción mental. Tengo que tener ideas positivas, una mente serena. Y esas actitudes me tienen que llevar a opciones, a hechos en el proceso de duelo, hay que realizar actividades que me lleven a cicatrizar mí herida. Por eso, tenemos duelos retardados. ¿Qué son los duelos retardados?

Aquellos en que como no acepto la herida, el sufrimiento se alarga, se alarga, mas sufrimiento.

¿Qué es un duelo crónico?

Aquel que nunca cierra la herida, porque en el fondo no la he aceptado, no me he hecho protagonista de mí sufrimiento, incluso, creo que nunca voy a poder salir y no voy a ser feliz. Y se hace eterno.

¡Cuidado!, no solo voy a sufrir yo, voy a hacer sufrir a los demás.Y tengo también  hasta un duelo patológico.

¿Qué implica?

Que si no sano las heridas a su tiempo, en el momento oportuno, respetando el proceso de sanación, se puede deteriorar mí mente, mí personalidad, mí salud, todo mí ser, y es un duelo patológico. Y puedo ser enfermizo para los demás.

Tengo que hacer un duelo saludable. Tras ese recorrido sufriente hay que sufrir sanamente para dejar de sufrir, va a  haber una transformación interior. A veces no me doy cuenta, creo que soy el mismo, pero no soy lo mismo. Va viniendo un movimiento interior que serena todas mis dimensiones, y llega un momento en que se serena la herida, se cicatriza. No para olvidarse del ser querido, no para anular el pasado, si no para tener una visión serena, donde el amor, la paz, un proyecto de vida, ha tomado cuerpo. Y es que el duelo es tarea. El duelo es presente y es futuro. Y el duelo es crecimiento y maduración.

El duelo es un nacer de nuevo, a la positividad de la vida.


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